"No puedo vivir sin tí, no hay manera...". Esta frase formaba parte de la canción que sonaba en un anuncio de Ikea el año pasado, ¿os acordais?. Pues se me acaba de venir a la cabeza para comenzar esta entrada que dedico a "mi avituallamiento particular" de todas las mañanas en el cole. Porque no sé qué haréis vosotras, pero yo soy incapaz de pasar sin tomarme algo desde el desayuno hasta la hora de comer, sencillamente creo que me desfallecería en medio del aula. Por eso todos los días me llevo agua, fruta, galletas, yogures o lo que pinte. Y digo yo, ¿qué lo voy a llevar en una bolsa de plástico?, ¿o rodando por el bolso para que todo se empape bien de aroma a mandarina, plátano...?. Pues no. ¿Por qué no hacerme para mí una bolsita igual que la de los peques?. Eso fue lo que hice hace ya varios años. De hecho, fue el "prototipo" de mis futuras bolsitas, la primera que hice en toda mi vida. Ahí la tenéis, todavía sigue resistiendo, con todos los lavados y trajines que lleva ya a sus espaldas.
Y fue este fin de semana cuando me dije, ¿por qué no hacerme otra bolsita para cuando la otra esté todavía en el tendal o metida en el cubo de la ropa sucia?. Me puse manos a la obra y para darle un toque diferente utilicé otro tipo de tela, un poco "más serio", dándole un toque personal y coqueto con un broche que hice con colores acordes a los de la bolsita. Éste es el resultado.

Ahora ya puedo decir que tengo bolsitas "de quita y pon".
Y